O
El círculo se cierra. El círculo se abre.
Estoy en ese punto, de existencia conocida, pero de imposible ubicación. Estoy en él una vez más, lo sé, lo reconozco, no lo recordaba así. Habiendo recorrido el ayer y el mañana, y así habiéndolos registrado como iguales, creía que hoy sería un día más. Pero no. Visto desde lejos, si me pongo en la perspectiva de cualquier otro a mi alrededor, todo es lo mismo, todo da igual. Pero no. Hoy es único, tan similar y tan único, no lo recordaba así.
Vivo sin parar, sin tener siquiera un momento para pensar en volver. Tampoco es que me importe, ¿quién querría volver? No por retroceso, sino por indiferencia. Al fin y al cabo, ayer está tan, tan lejos de hoy como mañana. No, no querría volver. Si pudiera parar, pararía y ya está. No ahora, claro, sino en un momento en el que disfrute de tiempo y de por sí. Un momento en el que tenga un momento y quiera un momento más. Si pudiera parar, de ser esto así, no pensaría en el tiempo, aunque llevo tiempo pensando si así, esto sería parar de poder. De poder llegar a algo, me refiero. De poder avanzar. Puede que el punto muerto sea peor que dar marcha atrás. No importa, nunca lo sabré.
En efecto, ya se acerca algo. Comienzo un camino familiar, una vía en la que no veo, pero sí siento mis huellas. No sé por qué estos nervios. Si ya he andado por aquí, si ya lo he hecho todo antes. Y, sin embargo, estos nervios. Sé lo que viene ahora y lo que vendrá después, sé que seré feliz. Y aún así, estos nervios. Comienzo un camino familiar, pero realmente desconocido. Circunstancias diferentes, alrededores diferentes, y el mismo camino. Una y otra vez. Vaya, de verdad no contaba con estos nervios.
Allá voy, si me estáis escuchando, deseadme suerte. Los nervios se pasarán, como siempre ocurre. Hasta luego. Sé que volveré. Siempre he vuelto. Y siempre tan igual. Y siempre tan diferente. Me voy. No porque yo quiera. Sino porque el tiempo llega solo. Ya es casi mañana. Adiós. Perdonadme, son los nervios. Nervios al pensar que quizás no esté todo tan claro, y que si todo es tan diferente, y si todo es tan igual, ¿me equivocaría al juzgar como círculo una espiral?
El círculo se cierra. El círculo se abre.
Estoy en ese punto, de existencia conocida, pero de imposible ubicación. Estoy en él una vez más, lo sé, lo reconozco, no lo recordaba así. Habiendo recorrido el ayer y el mañana, y así habiéndolos registrado como iguales, creía que hoy sería un día más. Pero no. Visto desde lejos, si me pongo en la perspectiva de cualquier otro a mi alrededor, todo es lo mismo, todo da igual. Pero no. Hoy es único, tan similar y tan único, no lo recordaba así.
Vivo sin parar, sin tener siquiera un momento para pensar en volver. Tampoco es que me importe, ¿quién querría volver? No por retroceso, sino por indiferencia. Al fin y al cabo, ayer está tan, tan lejos de hoy como mañana. No, no querría volver. Si pudiera parar, pararía y ya está. No ahora, claro, sino en un momento en el que disfrute de tiempo y de por sí. Un momento en el que tenga un momento y quiera un momento más. Si pudiera parar, de ser esto así, no pensaría en el tiempo, aunque llevo tiempo pensando si así, esto sería parar de poder. De poder llegar a algo, me refiero. De poder avanzar. Puede que el punto muerto sea peor que dar marcha atrás. No importa, nunca lo sabré.
En efecto, ya se acerca algo. Comienzo un camino familiar, una vía en la que no veo, pero sí siento mis huellas. No sé por qué estos nervios. Si ya he andado por aquí, si ya lo he hecho todo antes. Y, sin embargo, estos nervios. Sé lo que viene ahora y lo que vendrá después, sé que seré feliz. Y aún así, estos nervios. Comienzo un camino familiar, pero realmente desconocido. Circunstancias diferentes, alrededores diferentes, y el mismo camino. Una y otra vez. Vaya, de verdad no contaba con estos nervios.
Allá voy, si me estáis escuchando, deseadme suerte. Los nervios se pasarán, como siempre ocurre. Hasta luego. Sé que volveré. Siempre he vuelto. Y siempre tan igual. Y siempre tan diferente. Me voy. No porque yo quiera. Sino porque el tiempo llega solo. Ya es casi mañana. Adiós. Perdonadme, son los nervios. Nervios al pensar que quizás no esté todo tan claro, y que si todo es tan diferente, y si todo es tan igual, ¿me equivocaría al juzgar como círculo una espiral?

o
Hace cuatro años yo vivía el que hasta entonces era el verano más extraño de mi vida. Con 14 años, acababa de volver de Irlanda y me encontraba a medio camino de dejar mi colegio de toda la vida y empezar una nueva etapa en un colegio británico. Al haberme pasado los anteriores seis meses en el extranjero, las amistades en casa estaban muy deterioradas, y más si tenemos en cuenta la edad. Yo realmente tenía miedo. No más de lo normal, sólo el típico miedo.
El verano se desarrollaba más lenta que rápidamente. Los días eran agotadoramente largos sin nada que hacer. Había vuelto a casa en mitad del que sería el año más caluroso y seco en mucho tiempo en España. Era el verano de 2005, aquél en el que Lance Armstrong ganaba su séptimo y último Tour de Francia, el de la remontada del Liverpool al Milan en la final de la Champions League, el del Huracán Katrina, el de Forlán quitándole la Bota de Oro a Eto'o, el de Eto'o gritando "Madrid cabrón, saluda al campeón", el de los atentados de Londres, el de Madrid 2012.
Hoy escribo desde Bristol. Parece que las cosas han cambiado... Pero no tanto. Así, hemos visto cómo Lance Armstrong volvía a correr, el Milan le devolvía la final al Liverpool dos años después, Nueva Orleans se hamedioreconstruido, Forlán vuelve a ser Bota de Oro, Eto'o ha movido su odio de Madrid a Barcelona, yo me he venido a vivir cerca de Londres, y volvemos a caer con Madrid 2016.
Me preparo para un nuevo comienzo, "a fresh start" que dicen aquí, una nueva vuelta de tuerca a mi vida, un nuevo ciclo que cumplir. Se repite la historia cuatro años más tarde.
A todos los que estéis interesados en saber qué tal me va, o cómo es todo por aquí en Bristol, estáis invitados a este blog que hoy estreno. Un blog que tiene predecesor, pero con el que sólo comparte autor. Este blog no lo escribo por necesidad, ni por sensaciones acumuladas, ni por alzar la voz. Mil Doscientos Veinte refleja cosas totalmente distintas, más positivas. Refleja mi pasión por escribir (y las ganas de ello), mi cambio como persona hacia el mundo adulto, y el puente entre mis dos casas: Madrid y Bristol. Disfruto haciendo esto, y espero que vosotros también podáis disfrutar leyéndolo.
Empiezo a contar de cero. Nueva vida, nuevo blog. Mil Doscientos Veinte momentos que compartir. Mil Doscientos Veinte sentimientos que escribir. Mil Doscientos Veinte kilómetros que recorrer.

El verano se desarrollaba más lenta que rápidamente. Los días eran agotadoramente largos sin nada que hacer. Había vuelto a casa en mitad del que sería el año más caluroso y seco en mucho tiempo en España. Era el verano de 2005, aquél en el que Lance Armstrong ganaba su séptimo y último Tour de Francia, el de la remontada del Liverpool al Milan en la final de la Champions League, el del Huracán Katrina, el de Forlán quitándole la Bota de Oro a Eto'o, el de Eto'o gritando "Madrid cabrón, saluda al campeón", el de los atentados de Londres, el de Madrid 2012.
Hoy escribo desde Bristol. Parece que las cosas han cambiado... Pero no tanto. Así, hemos visto cómo Lance Armstrong volvía a correr, el Milan le devolvía la final al Liverpool dos años después, Nueva Orleans se ha
Me preparo para un nuevo comienzo, "a fresh start" que dicen aquí, una nueva vuelta de tuerca a mi vida, un nuevo ciclo que cumplir. Se repite la historia cuatro años más tarde.
A todos los que estéis interesados en saber qué tal me va, o cómo es todo por aquí en Bristol, estáis invitados a este blog que hoy estreno. Un blog que tiene predecesor, pero con el que sólo comparte autor. Este blog no lo escribo por necesidad, ni por sensaciones acumuladas, ni por alzar la voz. Mil Doscientos Veinte refleja cosas totalmente distintas, más positivas. Refleja mi pasión por escribir (y las ganas de ello), mi cambio como persona hacia el mundo adulto, y el puente entre mis dos casas: Madrid y Bristol. Disfruto haciendo esto, y espero que vosotros también podáis disfrutar leyéndolo.
Empiezo a contar de cero. Nueva vida, nuevo blog. Mil Doscientos Veinte momentos que compartir. Mil Doscientos Veinte sentimientos que escribir. Mil Doscientos Veinte kilómetros que recorrer.





me ha gustado esta nueva entrada aunque solo cabe preguntar una cosa:de donde te has sacado la primera parte surrealista? ha sido curiosa pero me ha gustado... solo espero que ese 0 no incluya a tus amigos madrileños.sort
ResponderEliminarMe gustan tus nuevos inicios y ese halo de felicidad que creo te envuelve, me alegro de que tus palabras estén de vuelta! Sabes que ya era fan de tu escritura hace muuuchos muuuchos años...y seguramente lo seguiré siendo otros tantos!
ResponderEliminarTan apoteósica como extraña esa primera parte de la entrada desde luego...serán los nuevos aires ingleses!
Saludos compañerooo! =)